lunes, 14 de marzo de 2011

Una inyección de confianza

Casi sin darnos cuenta, entre el ritmo de partidos en dos frentes y los lamentos, Vélez les ganó en nuestras narices a Boca y a River al hilo. Y, si bien contra Boca el momento del rival, el nivel del equipo o haber sido local se tomaron como atenuantes, contra River en el Monumental no hubo reparos. Así, mientras la posición en la Copa dista muchísimo de ser la ideal y la del campeonato cada vez menos, volvimos a asistir a un juego interesante, que permite vislumbrar que se cuenta con ciertos recursos para paliar las falencias que venía provocando tantos dolores de cabeza.


Como todo triunfo, la victoria con el entonado Millonario tuvo algunos apartados de suerte, que de todas formas fueron ampliamente superados por los méritos del equipo. Fue vital el error de Chichizola y que el rival no aprovechara el flaco sector derecho del Fortín. Pero el desarrollo sumó mucho para que el fondo (incluido Barovero) ganara en seguridad y no motivara ese tendal de sobresaltos que venía siendo cada ataque rival. Sólo tuvo algún error grueso que no pasó a mayores y que salvó el arquero. La clave estuvo en el medio, con el enorme despliegue de Ricky Alvarez y, cuando ingresó, con un Héctor Canteros en buen nivel. Así las cosas, la realidad nos invita a soñar con un Bella-Canteros-Zapata o Alvarez como alternativa para el conocido Fernández-Razzotti-Zapata. Tal vez las soluciones no aparezcan insistiendo con el pasado, sino con vientos de cambio.

Y así como atrás pudieron trabajar más tranquilos con el medio resuelto, Moralez, Ramírez, Silva y después un Martínez que demostró que la ambición en el banco estaba intacta, lograron hacer su juego con mayor tranquilidad, sabiendo que sus aciertos eran capaces de impactar en el resultado. Quiso el olfato goleador del uruguayo encontrarlo siempre en el lugar indicado, para aumentarle también a él ese optimismo que no le viene mal a nadie, y menos en este momento.

En Núñez quedó claro que hay material para mejorar el presente y volver a ver al equipo como protagonista. Ya veremos si estos resonantes triunfos servirán a la larga como punto de partida de una fuerte recuperación, para inyectar confianza y alimentar ilusiones sustentables en un semestre que empezó torcido. La verdad que lo merecen. También desahogan. Y, por ahora, suman para renovar la alegría de ver a este equipo.

Por Marisa Pontieri (TyC Sports).

viernes, 4 de marzo de 2011

La verdad incómoda

Si hubiese que definir en una palabra este momento de Vélez, bien podría calificarse como incómodo. Como la posición impensada que ocupa el equipo en el Clausura, como la forma en la que uno no puede evitar imaginar los desafíos que vendrán, como se lo vio al equipo en sus últimas presentaciones…
 En otro momento, un empate con Argentinos como visitante no hubiera sido lo más lamentable, pero en el contexto actual estos resultados empiezan a cosquillear las tripas velezanas. La forma pesa. No es un detalle que Vélez empiece a perdonar cuando tiene todo, individualidades, ventaja temprana y hasta un jugador más, para ganar un partido. Y al final, el 1-1 volvió a desnudar más de lo mismo. Algo sigue fallando. Las marcas y la concentración atrás. La contención en el medio, demasiado dependiente de Razzotti y Zapata y descuidando sobre todo la banda derecha cuando, como en La Paternal, se opta por parar a tantos futbolistas ofensivos. Que, al fin y al cabo, terminan apareciendo intermitentes y no garantizan un vendaval arriba: Moralez y Ramírez siempre están, pero a Martínez se le dificultó el esquema y Giusti siguió sin pesar en el área. Tampoco hay que caerle: apenas hace sus primeros pasos en Primera.



Más que nunca, a cruzar los dedos para que vuelva Silva y no se lesione más. Tampoco habrá que señalarlo como el salvador: servirá para reacomodar las líneas a la forma que el Fortín viene trabajando desde siempre con Gareca, aunque el bajón pueda persistir atrás y en el medio. Contra esas curvas descendentes queda poco que hacer. Probar variantes o esperar y trabajar son las opciones, pero pocas veces se puede eludir la verdad de que los jugadores no son máquinas y sus rendimientos oscilan. Lo que habrá que tratar de preservar es la parte anímica: contra Argentinos se notó el fastidio y la languidez de un grupo que se siente superado por la realidad. Enfrente tenía a otro en proceso contrario: convencido de que era capaz de luchar en inferioridad. Lo mismo que el equipo desmotró hace poquito, 2-0 abajo con Independiente, cuando destacábamos su actitud.
 Como lo psicológico pesa y mucho en el plantel, nosotros, molestos por esta igualdad, seremos prudentes si sugerimos soluciones con altura. Altibajos tienen todos, éste incluso ayudado por la mala fortuna, pero los que saben salir son los que a la larga salen fortalecidos. Ojalá sea el caso en este comienzo de semestre tan irregular.

Por Marisa Pontieri (TyCSports).

domingo, 20 de febrero de 2011

El juego de las diferencias

Como el siempre vigente juego de buscarles las diferencias a dos imágenes que a simple vista podrían verse muy similares, el hincha de Vélez bien podría intentar mitigar el mal trago de perder con All Boys y romper un invicto de meses como local intentando descifrar cuáles fueron los cambios tan profundos entre el equipo que terminó descollando el año pasado y el que empezó este con más dudas que certezas. Cualquier pasatiempo vale por ahora para evitar caer en el camino fácil de empezar a criticar sin piedad en vez de analizar con paciencia, pese a la incomodidad de encontrarse con un punto sobre seis en el arranque de este Torneo Clausura.


La defensa y el arquero son los mismos de siempre. Los que el campeonato pasado, con sus errores y todo, recibieron apenas nueve goles, hoy acumulan cuatro en dos presentaciones domésticas. Los goles del Albo desnudaron sus serias falencias a la hora de la marca, así como los de Independiente había remarcado las propias del juego aéreo. Sin dudas, hubo un bajón en el rendimiento y la concentración tampoco es la misma, sobre todo en la zaga central. No están al 100 por 100. Contra All Boys, le tocó jugar a Díaz en lugar de Cubero (algo que también sucedía en el Apertura), y el equipo bajó un poco su caudal de faltas por el sector, aunque tampoco pudo evitar flaquezas… y aquí entra el factor Augusto, uno de flojo rendimiento en el medio con serias consecuencias a sus espaldas.

Razzotti, hasta ahora y con algún altibajo, no es menos que Somoza, y Zapata es el de siempre. Pero arriba está la diferencia burda, y cada vez más determinante, de la falta de Silva. O de cualquier delantero neto de área. La fatalidad de las lesiones se ensañó con el plantel en un puesto clave, y así se ve cómo Ramírez se sumó a Moralez y Martínez para aportar calidad, pero falta quien pivotee, se lleve las marcas y eventualmente se perfile como opción de puntada final. Ahora, cualquier defensa atenta se cierra y se convierte en una red en donde caen los tres, uno por uno, sin siquiera poder tirar un centro para que cabecee un tanque. En esta situación, habrá que aprender a jugar sin ese referente y empezar a ensayar opciones como el desborde por los costados sin centro apresurado, siempre con la pelota en el piso. Ya quedó demostrado que el remate de media distancia sirve sólo en días de inspiración. Pero el abuso del recurso, como en este partido de parte de Ramírez, tiene un tufillo a impotencia.

Las diferencias, así, no son tantas pero sí determinantes. Un bajón futbolístico en la contención y un golpe de mala fortuna arriba obligan a reacomodar las filas con rapidez. Para colmo, ante la adversidad, esta vez no apareció la actitud: así como en el primer tiempo Vélez llegó a jugar bien, mucho más que el práctico All Boys en su mejor momento del pleito, después del segundo gol rival fue pura intrascendencia e imprecisión. ¿Cómo mejorar? No va a faltar aquel que ya dé por perdido el certamen local y sugiera ponerle todas las fichas a la Copa. No es la solución, porque el equipo titular sufre de males tan concretos que se deben tratar lo antes posible, y cualquier partido local servirá para probar fórmulas que podrían optimizarlo. Es el momento entonces de confiar. En el grupo -cuerpo técnico y jugadores- y también en los dirigentes. Que, quién sabe, quizás tengan la chance de hacer un aporte de peso: sacar un delantero de la galera y renovar un poco los aires de ilusión.

Por Marisa Pontieri (TyCSports).

miércoles, 16 de febrero de 2011

El triunfo no es todo... ¡pero cómo ayuda!

Como la Copa Libertadores no es precisamente un torneo ligero que perdone a los que perdonan, lo importante contra Caracas era ganar. Y se logró, con una diferencia que pareció sacada de las optimistas previsiones de los hinchas, que incluían altas dosis de deseo. Sin embargo, el desarrollo dejó algunas cuestiones que revisar, siempre teniendo en cuenta que apenas se jugaron dos partidos después de la pretemporada, y sin una formación consolidada. Recién en un par de partidos se podrían sacar conclusiones más firmes…


El pelotón ofensivo que había plantado Gareca, para sorpresa de más de uno, no fue necesariamente sinónimo de volumen de juego. El desorden y el abuso del centro fácil para los defensores (no era lo mismo apuntar a la cabeza de Franco que a la de Giusti) fue la marca registrada del primer tiempo, cuando el jugador de más se notaba poco y nada. Después sí hubo asociación más inteligente, casi lógica, entre las joyas de arriba, apuntalados desde atrás por Razzotti. Y varios lucieron su brillo individual, como Maxi o Ramírez, la buena nueva del plantel, a la hora de marcar sus golazos.

Las dudas sobrevienen porque el rendimiento conjunto no se vio sólido ante un rival claramente de menor categoría. Papa es uno cuando ataca y otro cuando defiende (vaya novedad) y por su sector los venezolanos jugaron de más en la etapa inicial. También Cubero volvió a mostrar su faceta rústica. Claro, cuando la utiliza para frenar a un desconocido de Caracas genera algo más de escozor que de costumbre. ¿Qué hará si le tocara enfrentar a algún wing rapidito, por ejemplo, en Brasil? ¿Estará más afilado con el correr de los partidos? Cuidado, porque así como el juez fue tan benévolo al dejarnos con un jugador más por un codazo que no existió, sabemos sin misterios que en la Copa y de visitante la lógica se da exactamente al revés. Encima los golpes del Poroto sí, existen.

Mientras tanto, las lesiones no perdonan. Quiso el destino que en pocos días se perdiera a los atacantes más netos y sin poder culpar aún al ritmo fuerte de la doble competencia. Habrá entonces que confiar en los más jóvenes, apuntalados desde atrás por esas otras cartas de victoria que saben lograr sus objetivos con dos fórmulas diferentes: en conjunto o con genialidades aisladas. Por ahora, ambas funcionan. Y vaya que los triunfos ayudan a trabajar, probar y seguir mejorando.

Por Marisa Pontieri (TyC Sports).

sábado, 12 de febrero de 2011

Actitud, divino tesoro

El debut de Vélez en el Clausura fue una fiel muestra de dos extremos a los que este equipo puede llegar. En un tiempo, exhibió sus (archi) conocidas falencias defensivas, sobre todo a la hora de contrarrestar el juego aéreo y ajustar marcas, dejando en claro que al Fortín pocas cosas le duelen más que los centros. En el otro, su ambición apoyada desde el banco y potencial ofensivo, manteniendo intacta su capacidad de paliar cualquier descalabro en otra línea. Pero si el empate cayó bien no sólo fue por la remontada en el marcador, sino porque la actitud estuvo. Nunca declinó aún 2-0 abajo, ni entró en los lugares comunes de la desesperación o la resignación. De no ser porque era la presentación y se esperaba ganar, una levantada así hubiese merecido mucha más euforia.
 También influyó en el saldo positivo que el equipo debiera funcionar con engranajes no del todo aceitados, por primera vez en un partido por los porotos. No era lo mismo ni fácil para Razzotti reemplazar a Somoza con Zapata que con Canteros al lado. Tampoco la defensa por su sector estuvo en su mejor noche, y así los volantes rivales, como Battión o Cabrera, se lucieron de más. A Moralez, excepto por sus ganas y el gol, no se lo vio muy cómodo en su función más adelantada. Y David Ramírez tuvo que irse acoplando con el correr de los minutos, dejando la sensación de que será muy útil cuando le tome al máximo el pulso al equipo.
 Que finalmente no se haya perdido permite reordenar las ideas con mayor tranquilidad. ¿Cómo solucionar las dificultades defensivas? Ya sin la chance de recurrir a refuerzos aunque sí con la posibilidad de meter mano entre los juveniles (la doble competencia lo hará más factible), la respuesta es sólo una: trabajo y más trabajo. Después, sólo se tratará de buscarle el máximo rendimiento a la parte ofensiva. Rogar que las lesiones ni se asomen por el plantel. Y mantener esa actitud, la fórmula sagrada para que todo sea posible.

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miércoles, 17 de noviembre de 2010

Donde se merece

Para contar la historia que Vélez escribió ante Lanús resulta difícil no empezar por el final. Ese desahogo, esa diferencia mínima recién rubricada con el último pitazo, la alegría desatada de saber que, por fin, el equipo había llegado a la punta. Ni siquiera conocer de memoria que en el fútbol todos los hechos consumados son también parciales, y que ese liderazgo estará asegurado sólo por una semana, pudo apagar el fuego de los festejos. Es que esos son los instantes que consagran al fútbol y, parciales o no, valen la pena.

Pese al suspenso y el sufrimiento, los momentos anteriores a ese desenlace tuvieron a Vélez a la altura de las circunstancias en un rubro importantísimo, la actitud, porque entró al Amalfitani una vez más sabiendo el resultado ante Estudiantes y nunca aflojó ni perdió de vista la ambición y la obligación de ser protagonista, ganando uno de esos partidos en los que a la postre sólo importa el resultado: de local, ante un equipo técnicamente inferior, corriendo de atrás en la tabla y en la recta final del campeonato.

Si Vélez no ganó por más margen mucho más tuvo que ver Caranta que la mala puntería. Y eso que Maxi Moralez estuvo bajo comparado con Martínez y Silva. La buena fue que Ricardo Alvarez coronó una tarde que empezó con nervios de más, perdiendo muchas pelotas y sin encontrar su lugar en la cancha, con ese golazo increíble que definió el partido. También hubo suerte: Cubero hizo agua y casi deja al equipo con diez en un sector que sigue sin convencer, con un Augusto Fernández en deuda en defensa y en ataque. Y la cosa, que podría haber sido grave, no pasó a mayores entre el escaso caudal de ataque del rival (salvo por Regueiro, que volvió loco a más de uno), los cruces salvadores de los centrales, un Somoza atento, un arquero que aparece cuando hace falta y un técnico que no se olvida que cerrar los partidos desde el banco también es una opción.

Hoy, Vélez está donde quería. Y, lo más importante por lo hecho en sus últimas presentaciones: donde se merece. Nadie sabe ni puede asegurar qué pasará de ahora en más, pero basta con gozar de cada paso, tan parciales respecto al resultado del torneo como esperanzadores. De eso también se trata el fútbol.

miércoles, 10 de noviembre de 2010

Una ecuación positiva

Al fin una respuesta, al fin un triunfo difícil, con todas las letras. Vélez consiguió esa victoria que todos estábamos esperando: de visitante, ante un rival de fuste, en un momento de extrema obligación en el que el empate equivalía a la derrota, sufriendo embates que obligaban a empezar de cero… Claro que mientras esté Estudiantes a tres puntos, toda conclusión sonará a demasiado parcial. Pero es claro que este Fortín apretado por la tabla está creciendo. Lástima que si le alcanzará, no dependa sólo de él.

Por el desarrollo del partido con Banfield, entre sufrimiento y final feliz, resultó imposible no trazar paralelismos entre este equipo y el campeón del año pasado. Y quedó a la vista que, defensivamente, es bastante menos, y arriba, mucho más. Las dudas atrás ya ocuparon demasiadas líneas en este espacio y siempre siguen ahí, dando que hablar. Más allá de que Domínguez siga mejorando (eso no significa que esté al máximo) y Ortiz no haya desentonado, permanecen las fallas en los laterales, el juego aéreo y los relevos en toda la línea. Parece que con estos jugadores, y ya con demasiada presión encima como para probar con algún juvenil, va a haber que acostumbrarse a convivir con eso. La ecuación ganadora es maximizar el poderío ofensivo para restarles importancia a los problemas del fondo. Y, el domingo, la cosa funcionó: el saldo fue positivo.

Párrafo aparte para un determinante Gareca, que supo confiar, jugársela y esperar el momento justo para bajar la persiana. Acertó con Cristaldo y también, cuando se tuvo que cuidar, con Díaz y Razzotti. Esas variantes marcaron diferencias que también dieron que pensar: ¿sirvió tanto arriesgar con Augusto Fernández? Sin contar que Somoza sigue con altibajos…

Por último, y pese a la reaparición del espíritu del equipo, hay otra diferencia con el Clausura 2009: el rival. Estudiantes, a su manera, sabe cómo salir campeón. No será tan fácil que se caiga, aunque en el fútbol todo sea posible. Pero por lo menos, si hoy nos ocupamos de nosotros, tenemos buenos motivos para disfrutar del presente. Y eso ya es suficiente.

Por Marisa Pontieri (TyC Sports).

lunes, 25 de octubre de 2010

¿Si o No?

Parece que el destino se empeña en postergar el alivio de nuestras dudas. ¿Vélez está para campeón? En algún partido importante pareció que no, en otros menos relevantes que sí, y ahora, que teníamos frente a frente un encuentro que bien podía definir esa incógnita, no tenemos respuesta. Es que ese 0-0 de a momentos exasperante terminará siendo victoria o derrota según lo que pase en las próximas fechas, en donde, de una vez, deberemos asistir a esa respuesta que esperamos. Sí o no, esa es la cuestión.
Estudiantes vino a hacer al Amalfitani exactamente eso que sabemos que a Vélez le cuesta resolver: así fue como el conjunto de Gareca generó una sola chance neta -el cabezazo de Tobio- pese a ser protagonista y claramente el que intentó ganar el pleito. De todas formas, ni lo del Fortín fue elogiable, pues estaba obligado, ni lo del León criticable, porque era el que tenía los tres puntos de brecha a favor y el empate le sentaba bien. Ahora, si esa es la imagen que debería dar un candidato al título, es materia de otra discusión, mucho más amplia dada la importancia creciente de la mezquindad exitosa en el fútbol y en la que seguramente no sería Estudiantes su exponente más extremista.
El choque constante de las buenas intenciones de Papa, Augusto Fernández, Alvarez, Martínez, Silva o Cristaldo con la numerosa guardia que plantó Sabella, muchas veces con el pelotazo como alternativa, fue una imagen de impotencia que pocos queríamos ver. Para colmo, se podría haber perdido por esos espacios que quedaban entre Augusto y Cubero y la persistente pero acostumbrada falencia en la marca: es que, pese a su planteo, Estudiantes llegó más. Sin embargo, hay buenas noticias: pocos rivales podrán volver a desarrollar tan bien una táctica similar. Y no es lo mismo que la intenten otros, por citar un ejemplo, Quilmes. El Pincha tiene muy buen material para ejecutar esa receta, pero si equipos de menor calidad línea por línea pretenden copiarla y Vélez juega como el viernes, serán muchos más partidos los que gane que los que empate o pierda. Ni hablar si no tiene que extrañar a ninguna de sus tres joyas en cancha, como acaba de hacer con Moralez.
Pensando y mirando detenidamente la tabla será que el empate no tuvo un recibimiento fatalista entre el público velezano… Tres puntos nos separan de la cima y es apenas un partido; y todavía falta mucho, tanto para Estudiantes como para Vélez. Por ahora, el Fortín no depende más de sí mismo (¿será tan grave faltando siete fechas?) y, lo que sí provoca cierto escozor, sigue en deuda en los encuentros de alto vuelo. Mientras, habrá que aprender a convivir con la incertidumbre.

domingo, 17 de octubre de 2010

En carrera

Pasó lo que tenía que pasar. Vélez estaba obligado a ganarle a Quilmes para no desinflarse en la tabla y en los ánimos, y lo hizo. Y, aunque no haya brillado como contra Colón, cosechó un triunfo de oro que le permite seguir en carrera en un momento en donde se apresta a afrontar uno de los partidos más importantes para sus aspiraciones al título.
Un vez más, quedó claro que el potencial ofensivo en sí mismo constituye el punto más fuerte de este equipo, y que si al menos dos de los tres de arriba se inspiran (Moralez, Martínez y Silva, en el Sur le faltó un poco a Maxi), desnivelar resulta cuestión de tiempo. Pero persisten dudas atrás. Preocupan las marcas que se pierden, las dificultades para cortar, las idas con menos vueltas de los laterales… Nada nuevo ni demasiado reiterativo en los desarrollos, aunque suficiente como para quedar muy expuesto ante algún equipo que, a diferencia de Quilmes, no te perdone. Agradezcamos que mejoró la contención en el mediocampo y roguemos que siga en buen nivel ante rivales de mayor fuste, al igual que Barovero.
No podemos pedir más antes de cruzarnos con Estudiantes. Habrá que respirar hondo, relajarse y asistir a una nueva prueba que compruebe para qué está este equipo. Ojalá que contra el Pincha salga lo mejor del grupo, incluido el espíritu para sacar pecho en las difíciles. Ese que todos esperamos ver si queremos ilusionarnos en serio.

Por Marisa Pontieri (TyC Sports).

lunes, 11 de octubre de 2010

Así sí

Un partido atípico como el que Vélez le ganó a Colón bien puede ser el antídoto que el equipo necesitaba para ganar confianza. Si un 6-0 contra un equipo que, a priori, no se veía como débil no alcanza para que este conjunto potencie al máximo la fe en sí mismo, sin importar si juega en casa ajena o si le toca ir abajo en un marcador, será que este no era el año de Vélez. Porque, seamos sinceros, en encuentros como el del domingo queda claro que material hay. Y la incógnita de si alcanzará para crear una mística de candidato que envuelva al equipo terminará de resolverse en lo que vendrá.
Un desarrollo como el que se dio contra el sabalero no requiere un análisis demasiado profundo. Al principio, las cosas transcurrieron dentro de lo esperable: hubo algunos sobresaltos atrás, en donde la impresión de que un rival puede quedar mano a mano sobrevuela como un fantasma, al medio le costó cortar en algún momento, pero fueron creciendo los pensantes y los habilidosos y la balanza se inclinó hacia el lado del Fortín, que se fue al descanso ganando bien. Después, entre la actitud con la que salió Colón en el segundo tiempo y el potencial desatado de Vélez arriba, las cosas se dieron solas. Y fácil, demasiado fácil.
Ya lo vimos todos, pero hay que repetirlo: Burrito, así te queremos ver siempre. Y por supuesto, menciones para Somoza, Zapata y Moralez, los más sobresalientes de un grupo que cumplió son creces. Queda claro: si los de arriba (ni siquiera el equipo completo) se proponen no perdonar ni fastidiarse ante la adversidad, todo puede cambiar. Sería una lástima desaprovechar en este semestre una fórmula como la que integran, única en el fútbol argentino. Ay, si encontraran la regularidad…

La ilusión está ahí, a la vuelta de la esquina, pero todavía hay que ser cautos. Falta superar pruebas y asignaturas pendientes y Estudiantes todavía está algo lejos. En la tabla y en el fixture. Festejemos por lo que pasó sin ansiedad por lo que viene. Y jugadores, créanlo: así sí, ustedes pueden.

Por Marisa Pontieri (TyC Sports).

miércoles, 6 de octubre de 2010

Así no

Es duro escribirlo, pero este Vélez no va a salir campeón del Apertura. Le falta ese plus, ese espíritu que caracteriza a los grandes equipos. Este Vélez te perdona. Y así todo lo bueno que pueda crear, con el consiguiente esfuerzo, resulta inútil. Podríamos hablar horas y escribir largas líneas sobre los niveles de los jugadores y, para nuestro desconcierto, si fuéramos sensatos concluiríamos en que en Rosario ninguno mereció arder en la hoguera de las críticas. Hubo algunos que cometieron un solo error grave y eso bastó para permitirle a Newell´s llevarse el premio. Sería injusto culpar a alguno cuando las cosas no se dan en conjunto.

Silva, por ejemplo, hace partidos que no cumple su función, ¿pero acaso hubiera estado bien poner a otro? El Pelado tiene tantas ganas de meterla que siempre gravita la esperanza de que se amigará con el arco, y Gareca no hace mal en bancarlo, teniendo en cuenta que ha respaldado a más de uno que ni siquiera exteriorizaba una pequeña porción de la voluntad que tiene el uruguayo. Ortiz generaba algunas dudas, y esta vez jugó Tobio. Ya ni le podemos echar la culpa al arquero. Los discutidos Domínguez y Somoza no desentonaron, Moralez y Martínez no se borraron, Cubero fue el de siempre y Papa anduvo algo perdido entre sus tareas de defender y pasar al ataque, pero se lo ha visto mucho peor. ¿Un cinco puntitos de promedio general merecía un 0-2 lapidario? ¿Newell´s fue mucho más? No. ¿Y entonces por qué este equipo no está para campeón? Simple: porque perdió.

Sí, señores, un candidato no deja tantos puntos de visitante y, si pierde un partido como el de Newell´s, no puede haber perdido otro como el de Boca. Recuerden aquel conjunto de 2009, con tantas caras que aún permanecen… ¿cuántos resultados remontó, aún jugando mal? ¿Cuánta confianza ganó con esas corajeadas? Es que jugar mal no es un escollo para los candidatos. A estos partidos, un conjunto protagonista al menos los empata. Y si se juega mal, tiene que aparecer el corazón. En este semestre, siempre que Vélez empezó perdiendo y tuvo la necesidad de salir a buscar, terminó con las manos vacías. Sólo logró empatarle a Banfield por la Copa, pero cuando la obligación era ganar. Si empieza abajo, cae en la desesperación o se resigna. La hazaña no es una opción. Y la razón es que, ante la adversidad, el grupo no cree que sea posible.

La suerte, último eslabón de un camino a la gloria, tampoco acompaña. Los árbitros, malísimos, se equivocan a favor nuestro contra Olimpo en Liniers y en contra frente a Newell´s en Rosario. No a cualquiera le cobran el penal que le cobraron a Vélez. No cualquiera se pierde tantas chances de gol como Vélez. Y lo peor: ahora asoman nuevos lesionados.

Como en el fútbol todo es posible, tal vez esta derrota pueda servir para tocar el orgullo, despertar la mística y hacerlos salir de donde están escondidos. Pero si se pretende pelear, deberá ser pronto. ¿Campeones? Así no. Pero mañana será otro día, y todo, siempre, puede cambiar.

Por Marisa Pontieri (TyC Sports).

sábado, 25 de septiembre de 2010

El regreso de la ilusión

Hubo que esperar por lesionados clave y hasta sospechar que algunos se habían olvidado de jugar, pero los noventa minutos con Olimpo disiparon las dudas para darle nuevamente rienda suelta a la esperanza. Es cierto, el bahiense es un equipo muy débil, pero éstos son los partidos que cualquier aspirante al título tiene que ganar para justificar su candidatura. Tampoco hubiese hecho falta que, esta vez, ciertos errores arbitrales tiraran para el lado de Vélez. Porque el Fortín fue parejo en todas sus líneas, apenas atravesó pasajes de inquietud y fue inteligente para aprovechar los momentos propicios para cerrar el partido.
Destacar a uno suena injusto en un rendimiento tan sólido en bloque, pero cuánto habíamos extrañado a (este) Maxi Moralez. Cuando está bien marca el ritmo del ataque y, hay que reconocerlo, en esta función nadie por el momento puede igualarlo. Como contracara, la imagen que deja Silva aún cuando no hace goles invita a la reflexión: por más que no cumpla su función de convertir, sus ganas puestas en pos del equipo (observen que pese a desvivirse por anotar, no peca de egoísta) suman. Y no muchos cuadros pueden disfrutar de goleadores como él, que aún sin hacer goles son valiosos y convencen a todos.
Pocas veces pasaremos una semana más tranquila que esta. Así que, entre goleada y fiesta centenaria, vamos a disfrutarla. Y sí, hilemos ilusiones, si no ¿para qué ser de Vélez?

viernes, 17 de septiembre de 2010

Una serie de eventos desafortunados

Laverni se robó los flashes y sería redundante enumerar una vez más sus desaciertos. Ya todos los sabemos: la figura del partido que decretó la prematura despedida de Vélez de la Copa Sudamericana no fue ni Erviti, ni Barovero, tampoco alguno de los ocho jugadores de Vélez que parecieron once y hasta coquetearon con la hazaña. Fue el juez el que consiguió a la perfección abrazar el objetivo que sin dudas persigue cuando sale a la cancha con esa actitud altanera que lo caracteriza: ser el protagonista. Porque lo de Laverni estuvo más allá de no ver, no interpretar o desconocer el reglamento, lo que constituyen los errores típicos de cualquier referi. Laverni desparramó sobre el Florencio Sola su inseguridad, su desequilibrio y sus ganas de figurar. Sobre todo, lo padeció Vélez, pero podría y podrá sufrirlo cualquiera.
Pero no nos engañemos: no sólo el árbitro puso su grano de arena para que Vélez haya pasado de tener un semestre con dos frentes a un cuatrimestre de cabotaje. Que el grueso árbol no nos tape el bosque. Porque con este empate que disfraza una derrota mucho tuvieron que ver las falencias propias y hasta una pizca de mala suerte. La que metió la cola cuando se lesionó Baldassi y terminó dejándole el pito a Laverni.

Que Somoza haya hecho tantos méritos para que lo echen es inadmisible para un jugador de su experiencia. Su pugna con Erviti lo hizo caminar por la cornisa durante todo el primer tiempo y motivó el primer traspié del silbato al no expulsarlo cuando debía. Si al hecho de que nunca haya recuperado el nivel indiscutido que lo caracterizó antes de aquella maldita lesión se le suma esta escalada de violencia, Gareca deberá agudizar su costado de psicólogo y calmarlo antes de que se convierta en el Sessa versión 2010. Y ya que hablamos de Gareca… la expulsión de Somoza fue tan anunciada que la responsabilidad lo excede y se traslada al técnico. Todos en la cancha sabían que el Flaco iba a terminar en las duchas. ¿No podría haberse adelantado el técnico a esta situación? Encima, cuando tuvo que sacar a alguien del medio, la ligó Razzotti. Al querido Tigre le faltó visión en medio de un desarrollo que tendía al caos.

El caso Ortiz también es muy cuestionable. Si bien es sabido que no tenía por qué correr alegremente con las pulsaciones a mil hacia Laverni para recibir la amonestación, su berrinche fue lo suficientemente extenso como para afectar el tan delicado equilibrio emocional del juez. Ortiz pecó de poco profesional y manchó infantilmente sus escasas imágenes con la camiseta de Vélez. Una lástima, pero por sobre todo, un error aislado que pagó todo el equipo. Por ese mismo camino transitó Silva, al que pareció jugarle en contra esa enérgica actitud que siempre lo destaca del resto. El Tanque pasó de potencial salvador a protagonista de un papelón consumado.

Lo cierto es que detrás del árbol de Laverni y del bosque de la serie de eventos desafortunados propiciados por el mismo Vélez, hubo algunos minutos de fútbol. El equipo, sin muchas luces, dominó, pero cayó en la efectiva y aceitada trampa de Banfield, sus métodos defensivos y de contraataque y su solidez para manejar las pelotas paradas ante marcas muchas veces defectuosas. No obstante, pronto el Taladro se había reducido a su faceta defensiva y conformista (sin reproches: estaba 2-0 arriba en el global) y Vélez, si se hubiera tomado en serio sus posibilidades y actuado como un conjunto maduro, bien podría haber escrito otra historia. Ojalá este capítulo gris sirva para que algunos se den cuenta de que ciertas actitudes son indignas en cualquier grupo que aspire a la gloria.


Por Marisa Pontieri (Tyc Sports).

lunes, 6 de septiembre de 2010

Por la buena senda

El tiempo dirá quién es este Vélez. Si finalmente será la imagen del que perdió bien contra Boca o la del que le ganó bien a River para mirar a todos desde arriba la que se impondrá en estos tiempos. Pero lo cierto es que el equipo necesitaba un triunfo así para medir sus posibilidades y ganar confianza. Más allá de que los nombres del arranque ante Banfield no hayan sido los mismos del equipo titular, cualquier plantel se resiente tras dos derrotas, y era vital volver a sumar de a tres para no entrar en una espiral de dudas.
Así, contra River no se sumó un triunfo cualquiera. Porque volvieron a aparecer con brillo protagonistas clave. Barovero, salvo por algún centro aislado, brindó seguridad, Tobio tuvo una gran noche y se destacó atrás, el medio estuvo aceitado y arriba el Burrito Martínez fue el que todos queremos y Silva el de siempre: el de las ganas, el empuje y el olfato. Pero todos esos elogios se potencian más teniendo en cuenta el desarrollo: hubo que batallar contra un equipo que venía invicto pero necesitado de puntos, remontar después del empate de un siempre peligroso Buonanotte, enfrentar a futbolistas con la experiencia de Almeyda y Ortega, superar algunas situaciones calientes y jugar con diez buena parte del complemento.

Ahora sólo queda un partido de la exigente seguidilla que nos había deparado el fixture. Pero claro, para ir frmando una ilusión no hay que prepararse para vencer a los conjuntos importantes, sino a todos. Y en ese sentido, todo indica que se va por la buena senda.

PD: ¡Este partido sí lo pude ver bien! Saludos desde Girona.

Por Marisa Pontieri (TyC Sports).

lunes, 30 de agosto de 2010

Hackeados


Gente que tiene muy poco que hacer y se dedica a pensar en la existencia del otro hubo siempre y en todas partes. En general se trata de personas grises, de vida aburrida y una incontenible dosis de envidia, lo que los lleva a ocuparse más de lo que ellos creen es entorpecer el camino ajeno, que de ponerse a reflexionar para enriquecer el suyo.

En ese rubro bien pueden entrar los hackers malignos. Y creo que anoche, en una muy fría terraza vienesa, uno de ellos me jugó una broma pesada. Seguramente xeneize, intervino la página en la que decidí ver el partido y, mientras los ilusos visitantes entre los que me incluía creíamos asistir en vivo a una tarde en La Boca, este personaje se encargó de reemplazar la transmisión por un mix magistralmente editado de todos esos errores que, por repetición y a los golpes, un equipo que apunta al campeonato jamás podría cometer nuevamente ante rivales que conoce tanto.

En una pantallita de 10×6 centímetros cuya definición me impedía distinguir a los protagonistas, el engaño duró noventa minutos durante los cuales creí, azorada, que otra vez cada centro que caía en el área de Vélez derivaba en un tembladeral, que nos hacían goles los mismos de siempre y estaba jugando Riquelme, que nuevamente los jugadores se trenzaban más para discutir que para ir hacia adelante, que otra vez un error del árbitro nos liquidaba y que, por sobre todas las cosas, una vez más le caíamos como anillo al dedo a Boca para calmarle las aguas.

Pero más tarde, consumada la decepción y entre pesadillas, me di cuenta de todo. Este genio informático había ensamblado pedacitos de poco felices partidos contra Boca de los últimos tres años. Y el Burrito Martínez no gravitó porque en realidad era López, quien yo creía Domínguez era Maxi Pellegrino, Silva fue de a ratos el de La Volpe, y hasta, de lejos -¡ja!-, confundí a Gareca con Tocalli.

Así que ahora volví a la zona wi fi, urgida de contarles mi aventura. Y ansiosa por abrir TyC Sports y, si el hacker lo permite, enterarme del verdadero resultado entre el Vélez puntero y el oprimido Boca.

domingo, 22 de agosto de 2010

Como nunca


¡Hola velezanos! Acá les escribo desde la calle, sentada en la puerta de una iglesia en Vercelli, Italia. Anoche "viví" el triunfo de Vélez como pocas veces: apenas escuché cuatro o cinco minutos, también en medio de una callecita, y con interrupciones. Sabíamos que podía pasar: a un hotel sin internet se le sumaron otros factores entre humanos e incontrolables, como la escasa batería en la notebook (los enchufes en Europa merecen un capítulo aparte) y un pueblo sin locales con wifi y con calles curvadas al mejor estilo Parque Chas que nos llevaron a encontrarnos, a mi novio y yo, en la misma noche cuatro veces en la misma esquina.

Salimos a las nueve de acá a recorrer la ciudad a la caza de internet. Creíamos que para un lado era la calle principal, la Giuseppe Garibaldi, y para el opuesto la fiesta del pueblo de los fines de semana, en una tal Piazza X. Supusimos que esos dos puntos serían los más concurridos por la redes del lugar. Pero nos perdimos, una y otra y otra vez. Y cada vez que veíamos donde apostarnos abríamos la notebook y verificábamos sin éxito si había alguna red sin clave que anduviera. Mientras, mi pobre madre desde Buenos Aires me mensajeaba algunas instancias del partido. Recién tuvimos suerte en el segundo tiempo, cuando probamos en una vidriera de un negocio cerrado que permitía sentarse. Como la batería ya flaqueaba, pusimos la radio y apagamos el monitor. Escuchamos un poco, luchando contra los cortes de red, hasta el momento del ¡penal! Darío Tonón vociferaba que la falta de Prósperi a Martínez merecía la intervención de la Comisaría 44. Y, como en un predecible cuento de fútbol, se cortó todo. Esta vez, por culpa de la batería. No había nada más que hacer.

Crucé los dedos pensando en el delay: seguramente, en Liniers la realidad ya se había consumado un par de minutos antes. Hasta que sonó el celular: ¡gol, gol de Vélez! Y lo gritamos en esa calle desierta. Caminamos algo más, sin rumbo como siempre, y luego llegó el mensaje del segundo gol. Y el final. Y de la forma menos convencional y más lejana, sentí que había vivido el partido como nunca.

Por Marisa Pontieri (TyC Sports).

martes, 17 de agosto de 2010

Poco Más que Pedir


Es increíble cómo se exaltan los sentimientos de hincha en la lejanía. El triunfo ante All Boys, en mi rutina de periodista en Buenos Aires, hubiera desembocado en una alegría combinada con mesura: los goles perdidos, el sufrimiento hasta el final, el desarrollo algo adverso en el inicio… Pero una vez más me ganó la euforia, la necesidad de ganar como sea, la ilusión alejada del análisis. ¿Debería viajar más seguido?

Más allá de esos minutos iniciales en los que All Boys logró inquietar en base a su empuje, varios pasajes de lo que siguió recordó al mejor Vélez. Bien atrás, Moralez clave y patrón de ataque, Martínez como todos lo queremos ver y un Silva que aunque, contrariado, mostró que sigue con el hambre intacta. Lo que sí, y ésto es lo poco más que pedir, es que no hace falta tanto suspenso. Un error atrás (ay, Montoya) y todo tambalea. Hay que definir antes. Pero el equipo está bien, entero y mejor que el semestre pasado, y sólo derrocha optimismo.

Habrá que ver cómo responde el plantel cuando empiece la doble competencia. Por suerte falta para eso. Por ahora ¿se puede decir que somos candidatos? ¿Quién nos hizo sombra en estas dos fechas? Eso me lo tienen que contar, porque no me veo haciendo malabares con el wifi para ver cómo juega Racing.

lunes, 9 de agosto de 2010

Contigo en la distancia

Gracias a los milagros de internet, el domingo tan lejano a Liniers terminó con una inmensa alegría de sabor conocido: el debut con triunfo y la inevitable ilusión. Debo haber alterado la medianoche de Stuttgart con el grito del gol de Silva; acá las actividades se terminan muy temprano por más que ahora anochezca tarde. Apenas se cena y una media pensión se compone de desayuno y almuerzo. Pero las circunstacias ameritaban ir contra las costumbres Y ojalá siga pegando gritos pelados por más que la distancia se empeñe en hacerlos sonar descolgados.

Debo haber visto y escuchado, entre interrupciones, la mitad del partido. Imagen por un lado y radio partidaria por otro, desfasados, soportando cortes por un débil wifi y teniendo que actualizar seguido para no perder el hilo. ¡Pero no se imaginan la alegría de haber podido captar todo eso! La verdad que no esperaba tanto. Y sentir el gol, la gente… Aunque me queden pocos puntos para analizar con propiedad. Con Martínez volvimos a jugar con once, ¿no?, mejor la defensa y bien Augusto, entre otros que recuperaron su mejor cara… Pero por lo que vi y leí la diferencia quedó un poco corta. Habrá que enfocarse en no perdonar más a nadie para que buenos trabajos no terminen en puntos perdidos.


Ustedes seguro tienen mucho más para agregar y ponerme al tanto. Se los voy a agradecer. ¡Abrazos velezanos desde tierras teutonas!

lunes, 2 de agosto de 2010

La Cuarentena

Al fin, como quien no quiere la cosa, entramos en la semana. La semana que tanto tardó en llegar, esa en la que pensamos tantas veces desde hace otras larguísimas, y siempre imaginando cómo se vería Vélez en el debut. En el medio, nos alegramos al saber que sería en Liniers contra Independiente, en el plantel se fueron muchos, llegaron pocos, se ganaron amistosos que, aunque no quisiéramos, invitaron a ilusionarse pensando en los porotos. Podríamos aventurarnos a decir que, interna o exteriormente, no hubo hincha de fútbol que no clamara por el regreso a fines de semana como el que se viene. Ni un Mundial puede cambiar eso. Y yo, particularmente, soy de los que prefieren sin dudar festejar un campeonato con mi equipo que un Mundial con la Selección. Una confesión para que se despachen los patriotas.
 
Y ya que nos metimos en lo personal, se los tengo que decir. Este blog va a cambiar. No para siempre, sino por un largo mes. Poco menos de 40 días en el que estaré de vacaciones muy lejos -si los muchachos de Barajas no me ven cara de lavacopas, claro-, intentando seguir a Vélez a la distancia. Sin tele, tratando de sintonizar alguna radio desde una conexión a internet que no sé a ciencia cierta si tendré. Más allá de la alegría por hacer un viaje tan interesante, por el lado del fútbol no va a ser fácil: debo confesar que he llegado a soñarme sabiendo que Vélez juega y no puedo seguirlo en mis peores pesadillas.
 
Ya armé una red para que me cuenten todo lo posible durante los partidos por mensajes de texto, pero soy conciente de que deberé recurrir a tardías crónicas escritas para ponerme al tanto en profundidad. Y seguramente, si bien pienso hacer todo para estar informada, me voy a saltear más de una entrega entre los cinco partidos locales y la ida del arranque de la Sudamericana. Al principio pensé en presentarles a un colega para que él lleve adelante este blog, pero en principio prefiero que siga escrito por alguien que siente al Fortín. Y así que, estimados comentadores, en este tiempo en que mi visión va a ser siempre incompleta, me voy a permitir pedirles que me ustedes me cuenten su verdad a mí. Comenten a sus anchas, pese a que alguna vez falte el post disparador. Entre todo lo que me digan, tal vez pueda llegar a hacerme una mejor idea de lo que pasa con Vélez a tantos kilómetros.
 
Tendré que confiar ciegamente en las comunicaciones y en la tecnología. Y en los ojos de otros. Más que nunca, este blog es de ustedes. Eso sí, cada vez que sea posible, se los pediré prestado un rato.

Por Marisa Pontieri (TyC Sports).

jueves, 15 de julio de 2010

La clave Otamendi

Después de un puñado de campeonatos, con título incluido, de ser una pieza clave de la defensa de Vélez, el destino marca a Nicolás Otamendi con un nuevo papel clave en el camino del Fortín. Tras la llegada de Augusto Fernández, junto a un tibio entusiasmo y un crédito abierto, todo parece indicar que de una posible venta del defensor que recién en estos días se integra a las prácticas depende que Vélez se mantenga o no en el mercado de pases, teniendo en cuenta lo lejos que estuvieron los dirigentes de correr a negociar refuerzos con los millones de la venta de Marco Torsiglieri.

Los vaivenes del meteórico paso de Otamendi por la Primera División bien pueden compararse con el recorrido de Vélez en la era de Ricardo Gareca: la fuerte aparición en escena a principios de 2009, las ganas de demostrar, la promesa de grandes cosas, el campeonato ganado, la ambición de ir por más en el segundo semestre, cierto estancamiento, la malograda apuesta fuerte internacional que, mientras para el Fortín fue la Libertadores de este año, para Otamendi fue el Mundial… Y la merma en su nivel, que terminó impactando fuerte en el del equipo, mucho tuvo que ver con pensar en Sudáfrica, en donde lamentablemente su paso se vio opacado por tener que amoldarse a una posición que no le correspondía y las críticas por su actuación frente a Alemania. En este punto sólo cabe una pregunta: ¿y ahora qué?


Esta situación, anunciada aún para el caso de que a la Selección le hubiera ido mejor, le exige a Otamendi una motivación enorme de continuar en Liniers y deja al borde de lo inevitable la conveniencia de transferirlo. Una vez más, el porvenir del defensor se emparenta al de un Vélez que, de a poco, parece ver cómo se le desdibuja la columna vertebral que lo consagró el año pasado. En ambas historias se vislumbra un quiebre, una renovación.


Repasando y sin olvidar que habrá que afrontar dos torneos, si se va Otamendi ya se habla de la llegada de un defensor. Suena acertado. Muchos pedían un arquero, pero la confirmación de que se queda Montoya deja clara la postura oficial en este puesto. Por derecha, para bien o para mal, después de lo de Augusto tal vez no se pueda exigir algo más. Por izquierda, todo apunta a que habrá que quedarse con lo que hay, en el medio sigue Leandro Somoza inamovible para Gareca con Razzotti pisándole los talones para el público. Arriba se perdió mucho, aunque hay una delantera titular y media.
¿Conclusión? Si hay que traer a alguien más, tendría que ser de mucha jerarquía, capaz de cambiarle sustancialmente el semblante a una línea. Y el tiempo pasa y muchas de esas valiosas joyas ya tienen club. Si todo sigue así, somos los que estamos y estamos los que somos. Y una vez más, solo una millonaria venta como la de Otamendi podría modificar un panorama tan tranquilo como repleto de incógnitas.